
La semana en que el humano se volvió currículum
Cinco noticias esta semana, y en las cinco el mismo movimiento: un ser humano enseña lo que sabe, un sistema lo absorbe, una institución lo borra del organigrama. No es despido. Es destilación. Lo que queda del trabajador no es su ausencia sino su sombra: el dato limpio, la tarea resuelta, el prompt que alguien más va a ejecutar por él. En América Latina conocemos bien esta operación. Tiene otro nombre. Se llama extracción.
Un hombre, su hermano, y mil ochocientos millones de dólares. Matthew Gallagher invirtió veinte mil dólares en septiembre de 2024, sin oficina, sin inversores, sin empleados. Construyó Medvi, una plataforma de telesalud para medicamentos GLP-1, usando ChatGPT para el código, Midjourney para los anuncios, Runway para los videos, y un chatbot para atención al cliente. Un año después, el New York Times verificó sus finanzas: cuatrocientos un millones de dólares en ventas, doscientos cincuenta mil clientes, un margen neto del 16.2 por ciento. La proyección para 2026: mil ochocientos millones. El único empleado es Elliot, su hermano menor, de treinta y seis años, que trabaja desde Cincinnati filtrando comunicaciones. Sam Altman había predicho la empresa de mil millones con una sola persona. Tyler Cowen tituló en Marginal Revolution: "La predicción de Altman se cumplió." Lo que nadie tituló es lo que Hims & Hers necesita para facturar cifras comparables: dos mil cuatrocientos cuarenta y dos empleados. Medvi factura doscientos millones por trabajador. Hims, novecientos mil. La proporción no es una ventaja competitiva. Es una extinción.
Cuatro mil freelancers enseñan sus oficios a la máquina que los va a reemplazar. OpenAI lo llama internamente Project Stagecraft, un nombre que ya contiene la confesión: se trata de montar un escenario. Tres a cuatro mil contratistas, pagados a cincuenta dólares la hora, simulan cuatrocientas treinta y nueve profesiones distintas: pilotos comerciales, médicos de emergencia, escultores, farmacéuticos, geocientíficos, directores de música. Cada uno construye tareas que replican su trabajo real: contexto, objetivos, entregables, referencias. Wired reportó que una iniciativa paralela pide a los contratistas subir archivos reales de empleos anteriores: documentos de Word, PDFs, repositorios de código. La responsabilidad de eliminar información confidencial recae en el propio contratista. Evan Brown, abogado especializado en propiedad intelectual de Neal & McDevitt, lo dijo sin rodeos: el laboratorio se está poniendo en riesgo. Un contratista fue más directo con Business Insider: "Todos sabíamos que básicamente estábamos entrenando a la inteligencia artificial para reemplazarnos." Lo que se extrae no es un mineral. Es una competencia. Y el minero paga por su propio pico.
El pronóstico dice crecimiento. La letra chica dice desaparición. El Forecasting Research Institute reunió a sesenta y nueve economistas, cincuenta y dos expertos en inteligencia artificial y treinta y ocho superpronosticadores para el estudio más exhaustivo que se ha hecho sobre el impacto económico de esta tecnología. El escenario base es moderado: 2.5 por ciento de crecimiento del PIB, participación laboral del sesenta y uno por ciento para 2030. Pero el escenario de progreso rápido, al que los economistas asignan un catorce por ciento de probabilidad, cuenta otra historia: 3.5 por ciento de crecimiento del PIB, participación laboral cayendo al cincuenta y cinco por ciento, diez millones de empleos menos, el ochenta por ciento de la riqueza concentrado en el diez por ciento superior. La riqueza sube. El empleo baja. Entre ambas curvas caben exactamente las personas que nadie va a mencionar en el comunicado de prensa. El Wall Street Journal reportó que entre 2023 y 2025 se crearon seiscientos cuarenta mil empleos relacionados con inteligencia artificial en Estados Unidos. Es un número grande. También lo es el número de empleos que esos seiscientos cuarenta mil están diseñados para eliminar.
Harvard le dio el trabajo del consejero al chatbot. Primero cancelaron el programa piloto de asesores docentes para estudiantes de primer año: seis profesores contratados, cada uno con cincuenta estudiantes, eliminados en marzo de 2025 tras dos años de operación. Después, en abril de 2026, anunciaron su reemplazo: un chatbot construido sobre ChatGPT Edu que responde preguntas sobre concentraciones, requisitos de graduación y selección de cursos para la Clase de 2030. Brooks Lambert-Sluder, subdirector de Programas de Asesoría, aseguró que la herramienta no pretende reemplazar la asesoría humana. La secuencia dice otra cosa. Se elimina al humano, se instala la máquina, se declara que la máquina no reemplaza al humano. Georgia Bohney, asesora estudiantil, explicó la lógica: más de la mitad de las preguntas de los estudiantes tienen respuestas definitivas disponibles en línea. Lo que no dijo, porque no hacía falta, es que la otra mitad no la puede responder ningún algoritmo. A esa mitad le acaban de cerrar la puerta.
Jack Dorsey convirtió su empresa en un organigrama circular con la inteligencia artificial al centro. El 26 de febrero de 2026, Block eliminó aproximadamente cuatro mil posiciones, reduciendo su plantilla de más de diez mil a poco menos de seis mil. Las acciones subieron dieciséis por ciento ese viernes. Dorsey publicó un ensayo con Roelof Botha de Sequoia Capital titulado "From Hierarchy to Intelligence" donde describe la nueva estructura: un "modelo del mundo" de inteligencia artificial en el centro, los humanos en el borde, tres roles únicos: contribuidores individuales, responsables directos, y jugadores-entrenadores que todavía escriben código. No hay gerencia media. La máquina coordina. Dorsey triplicó la plantilla durante la pandemia y ahora la recorta llamándolo visión. Una científica de datos llamada Naoko Takeda sobrevivió al corte, rechazó un aumento del noventa por ciento y renunció: prefería que sus compañeros conservaran sus empleos. Forrester Research estimó que el cincuenta y cinco por ciento de los empleadores se arrepintieron de recortes vinculados a inteligencia artificial, y un tercio gastó más en recontratar que lo que ahorró. Pero las acciones ya habían subido. Y en esta operación, eso es lo único que cuenta.